Hola, me llamo Pedro y me he apuntado a un curso de autoayuda, escritura creativa y sanación. En realidad son las tres cosas. La primera tarea que me han pedido es que escriba una autobiografía centrándome en tres temas que considere como míos propios y como soy muy cumplidor la he hecho nada más llegar a casa. Estoy convencido del poder curativo de la palabra y todas esas cosas, pero no sé si saldrá bien este experimento. ¿Quién sabe? He de decir y como punto de partida que muy bien no estoy, las cosas como son.
La escuela es uno de los principales focos de dolor de mi existencia, a la vez que con toda seguridad debe de proporcionarme algún placer. Me duele ver sumisas cohortes de neorrancios haciendo genuflexiones ante el poder y no soporto tener que escuchar su neolengua, correcta o incorrectamente empleada, para decir que ya han "nos han compartido el documento", o que han conseguido subirlo al lugar indicado. Sus juicios, sus miradas, la frialdad con la que se pasan una hora entera de guardia sin levantar la vista del papel, el brillo metálico de las mechas en sus melenas... Pero pueden convertirse en un segundo en una manada de sindicalistas, el viernes a la hora del recreo, con sus camisetas verdes, un poco ridículos y ridículas, dispuestos a empezar la revolución. Se lo toman como si fuera teatro, una clase más a la que se han apuntado por las tardes, se sienten muy a gusto y con la conciencia muy tranquila y pueden volver en paz a sus clases de excelencia, pagadas con primas, por supuesto, o a sus clases bilingües (ídem) y a sus proyectos no remunerados, gracias a los cuales un día, quizás, conseguirán medrar y ser tratados como se merecen. ¿Escuela pública para tontos?
El siguiente aspecto fundamental en mi vida es el aislamiento. ¿Para qué hablar so lo que tienes que decir es doloroso? ¿Qué actitud puedes tomar para que el mensaje llegue pero sea simpático de explicar? ¿Cuánto tiempo puede soportar un idiota que le llames bobo en su cara? ¿Hacia qué clase de desierto lleva esa superioridad moral? Supongo que son exageraciones mías, pero cada vez me cuesta más mantener una conversación sin tener ganas de salir corriendo. El sopor es asfixiante. No nos dejemos arrastrar por el pesimismo, hay veces que el relato de cómo uno de estos prohombres de la escuela pública consiguió hacerse a sí mismo puede ser interesante durante unos segundos. El capítulo entero es infumable, y además no puedes decir mucho porque no son muy amigos de escuchar a los demás. Mediocridad y egolatría, una combinación difícil de tragar por mucha cafeína que lleves encima.
La adicción es el último de los aspectos a tener en cuenta. ¿Se puede vivir huyendo hacia adelante, intentando escapar de la realidad mediante una pantalla? Obviamente no, pero la posibilidad está ahí, es un remedio estúpido y humillante, que te arrastra por el suelo de la vergüenza y de la autocompasión. Para no tener que mirar la realidad a la cara uno se puede contentar largas horas con las desgracias o fortunas de los demás en las redes sociales, diseñadas para perder el tiempo de la manera más innoble. Pero ¿qué no es perder el tiempo? Cada uno tendrá su receta, quizás vaya de esto el asunto. Supongo que enseñar a los demás es una de las cosas más interesantes que se pueden hacer.
Es así como lo días se juntan unos con otros, en un espacio extraño del que solo se puede huir mediante el sueño. El arte no está por ningún sitio y no le importa a nadie, la belleza cuesta encontrarla, uno tiene la sensación de ir de un lado a otro si mucho sentido. Por supuesto que una sonrisa puede cambiarlo todo y la iluminación inteligente del cerebro bien vale todos los esfuerzos. Hay que aprender mucho para perder el tiempo.